SECCIONES Alberto García Salido Joven pediatra y escritor pinteño, un tipo al que le gusta la soledad, pero que odia estar solo
Alberto García Salido, nacido en Madrid un 28 de abril, es vecino de Pinto desde hace más de veinte años, cuando con sus padres y sus hermanos vino desde Getafe. Completó la EGB en el Colegio Isabel La Católica, luego estudió en el Instituto Pablo Picasso, hizo la selectividad e ingresó en la carrera de medicina en la Universidad de Alcalá de Henares. Su perfil profesional es el de un médico pediatra de 28 años, pero lo que nos convoca con Alberto es su afición por la escritura, es decir su inclinación literaria.
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Los inicios
Comenzó a escribir historias en torno a los 12 o 13 años. Con el tiempo esas historias se convirtieron en algo más complejo, llegando a la época de la facultad en donde le gustaba entrenarse en la escritura con historias largas y rebuscadas. Dejó la escritura en los últimos 3 años de universidad, para centrarse en los estudios y conseguir un buen expediente académico que le permitiera posicionarse para realizar la especialidad en el hospital en el que actualmente trabaja.
“Una vez que empecé la residencia, y dado que el mundo de la medicina iba a disminuir mi tiempo libre ya que tenía que estudiar bastante para formarme como pediatra, decidí obligarme de algún modo a escribir...” Fue entonces cuando decidió matricularse en una escuela de escritura y ésta, tras un par de cursos, le permitió visualizar objetivamente con la ayuda de profesionales los errores que cometía. Esto le permitió al tiempo mejorar y recopilar una serie de cuentos que ha utilizado tanto para enviar a concursos como para compilar la que sería su primera publicación.
Su primer libro
“Una vez que escribí los cuentos empecé a jugar con ellos enviándolos a concursos y comprobé que también podía obtener reconocimiento por parte del jurado. De hecho gané dos premios del Hospital de la Princesa…”.
“La Escuela de Escritura Creativa publica todos los años un libro recopilatorio de relatos cuyo método de selección es un tanto peculiar. El participante envía un relato, que es agrupado con otros 19. A cada uno de los escritores le mandan todos los relatos y entre ellos se votan. Una vez hecho eso se seleccionan los más votados –de entre al menos 350 relatos- para quedar 50. Quedé el 7º y el primero de mi grupo de 20”.
Estas experiencias anteriores y los premios ganados, junto a un cuento que le han publicado en una antología poética en una editorial seria, le animó a recopilar parte de sus relatos, bajo criterio propio y enviarlos a editoriales.
Fue así como a través del reconocido escritor Carlos Lapeña contactó con la Editorial Alfasur mediante correo electrónico para presentarse, hablarles de su blog y dar a conocer sus escritos. Hechos los contactos surgió la primera obra; “El tipo que escucha”.
Presentación en sociedad
“La presentación del libro la hice en mi Hospital el Niño Jesús de Madrid. Logré que ese mismo día publicaran una entrevista y una pequeña reseña del libro en la contraportada del Diario Médico cuya distribución es nacional. El acto fue muy emotivo durando una hora y tuvo una gran acogida por el personal de mi lugar de trabajo. Me acompañó el Dr. Juan Carlos Molina Cabañero, gran médico y mejor persona, que ha sido el encargado de escribir la introducción a la segunda edición.”
Cabe destacar que el libro ya ha agotado la primera edición, y se encuentra con la segunda edición en imprenta. Según Alberto, la promoción ha sido en gran medida un trabajo individual al que ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo, golpeando puertas, enviando e-mails y creando contactos.
“Ahora con la segunda edición, haré más de lo mismo, porque yo también entiendo que como escritor novel y desconocido tengo que jugar un papel importante en la promoción del libro. Hablaré con los libreros, iré a presentarme y a que me vean la cara para darme a conocer y para que vean qué intención tengo yo con el libro o a que tipo de público va dirigido...”
Sorpresiva brevedad
Los relatos de “El tipo que escucha” se escribieron en un intervalo de dos años siendo evidente la diferencia en el modo de escribir entre el primero y el último de los cuentos. Por ello los relatos no forman un continuo y solo procuran contar una historia corta, que ofreciendo un final inesperado, resulte una recompensa para aquel que dedica su tiempo a leer el relato.
Todos los relatos elegidos mantienen la incertidumbre hasta el final ya que la idea de Alberto era que al terminar de leerlos el lector decidiera volver a leer el relato para encontrar las pistas de las cuales no se percató al principio o bien reinterpretar todo lo que se le había contado en función del inesperado final.
El universo de la comunicación
El libro comprende 12 relatos y una poesía final. Según sus lectores los cuentos ocultan una gran soledad tanto en los personajes como en el ambiente en el que se mueven. “Escribo sobre gente con grandes defectos en su habilidad comunicativa y cuya percepción del entorno es tan subjetiva que no les permite relacionarse adecuadamente con aquello que les rodea”.
“Debo reconocer que cuando lo he hecho no me he percatado de ello y quizás también se debe a mi manera de ser. El que escribe tiene que hacerlo solo y a veces esa soledad te convierte en un tío solitario que traduce en soledad sus cuentos...” “Tiendo bastante a la soledad aún cuando una profesión como la que tengo, me permite el contacto con mucha gente a lo largo del día; gente muy diferente que te va aportando su manera de ser y de ver las cosas”.
Quizás esa soledad de la que Alberto hace eco, no sea solo su propia soledad, sino la que percibe en la sociedad en la que habitamos.
“Los médicos en ocasiones tenemos dificultad para comunicarnos con el paciente. En pediatría entiendo que debemos enfocar la medicina de una manera más dialogante y esto no se debe dirigir tan solo al niño al cual intentamos ayudar. Nuestro paciente generalmente no es capaz de comunicarse de manera verbal y es con aquellos que le acompañan con los que debemos dialogar. Lo que es peor es que hay falta de comunicación entre nosotros, los médicos, y eso puede no solo influye en nuestra relación profesional si no en el propio beneficio del paciente”.
Dos caminos muy diferentes
¿Qué le aporta la literatura a Alberto que no haya encontrado en su realización profesional como médico?
“La literatura me ofrece una puerta abierta a un lugar muy lejano de la medicina. Creo que todos deberíamos tener la posibilidad de escapar de nuestro trabajo para hacer aquello que de algún modo nos completa. La literatura te permite visitar otros lugares y pensamientos sin necesidad de moverte del sitio.”
Lo que viene
Alberto tiene ya una novela corta escrita y revisada que ha comenzado a mandar a concursos. “Allí puedes mandar tu novela y si resultas ganador o finalista o si les ha gustado, ya te lo dirán y si no, no pasa nada”.
“Yo sigo escribiendo cuentos. Mi intención es hacer una nueva recopilación de relatos para octubre o noviembre de este año. Relatos más complejos, que se aproximen al tipo de cuento que me gustaría llegar a escribir algún día tomando como ejemplo escritores como Sergi Pamiés, Eloy Tizón, Quim Monzó o Enrique Vila-Matas. Relatos pegados a la realidad pero con un componente fantástico que hacen dudar a quien los lee”.
Por lo demás, Alberto desea continuar con su profesión y seguir teniendo motivos para escribir, algo que cree que se lo va a aportar tanto su vida como las cosas que le ocurran y las personas que la conformen....
Alberto se considera una persona bastante solitaria con todas las dificultades que eso conlleva para los que le rodean. Comenta que le cuesta mucho comunicarse no tanto de forma verbal, pues habla casi sin parar, sino porque tiende a crear una barrera imaginaria, un disfraz, a su alrededor.
Quizá, quién sabe, Alberto es un tipo a escuchar y es al prestarle atención cuando, como ocurre en sus relatos, descubrimos una final inesperado que nos obliga a pensar.
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